
Y tuve que escupirlas.
Olvidé que odio lo dulce.

Y no me vengas con tus mamadas del amor, porque no te amo ni hubo intención siquiera de ello. Era simplemente sexo.




Besé unos labios que no eran los tuyos. Estos eran aún mucho más suaves. Se movían recorriendo los míos a una lentitud que sólo he visto en las películas...Semidesnuda y sentada sobre la cama esperaba.
Tacto.
Ya imaginaba las eróticas escenas de sus cuerpos haciéndose uno. Con los besos más perfectos y la mirada más dulce, pero al mismo tiempo un sexo fuerte y agitado.
Él no llegó...
Una llamada bastó para no estar sola. Media hora mas tarde alguien la acompañaba en el cuarto. Más no era quien hubiera deseado que fuera...
Entonces suena la puerta. Y nuevamente todo se acaba.